
Manuel
Publicado por Raúl Pleguezuelo en el 04 26th, 2008
El pequeño Manuel tenía 11 años, era un niño que disfrutaba dibujando y plasmaba sus fantasías en bocetos al carboncillo, eran tiempos de posguerra en los que una cuartilla blanca o un carboncillo eran artículos de lujo, pero su madre se los conseguía aunque tuviera que privarse de comer. Cisnes, caballos, conejos eran los temas predominantes en las obras de Manuel que denotaban su segunda pasión, los animales, en muchas ocasiones había manifestado su deseo de ser naturista, aunque la guerra y el encarcelamiento de su padre tras ésta, habían aparcado cualquier proyecto de futuro.
Manuel ahora vivía en un Madrid gris en el que se derribaban las puertas por las noches y los camisas azules se llevaban a los vecinos acusados vete a saber de qué y vete a saber por quién.
Su mundo estaba reducido a las cuatro paredes de la casa y a la ventana a otro mundo que le proporcionaban las cuartillas y el carboncillo, su madre ganaba el sustento de la casa con un puesto de pipas en Chamberí y pasaba todo el día fuera, antes de salir siempre le decía “Manuel hijo, no salgas de casa”.
Pero Manuel salió, quería ver el cielo azul de ese Madrid gris y lleno de escombros, precisamente entre los escombros vio salir a un ratoncito, era una cría de ratón común que no huía de su presencia, lentamente se acercó a él y lo cogió entre sus manos, el ratón acurrucado en sus manos a modo de cuenco parecía hablarle moviendo su hocico rosado, a lo que Manuel contestó “está bien, te llevaré a casa, allí tengo algo para ti”.
Cuando Manuel se disponía a volver a casa con su nuevo amigo escuchó una voz a su espalda que le gritaba “Eh tú, rojo”, Manuel se giró y vio a un joven de unos 18 años que lucía una flamante camisa azul remangada por encima de los codos, Manuel contestó “me voy a casa, mi madre no sabe que he salido”, el joven falangista portaba un objeto en la mano y sentenció “suelta la rata rojo, si no quieres morir con ella”, Manuel contestó “no es una rata, no lo voy a soltar, déjanos en paz”, el joven retiró bruscamente una anilla que tenía el objeto que llevaba y se lo lanzó a Manuel.
La madre de Manuel, Trinidad, acudió a recoger los pedazos de Manuel al deposito de cadáveres ahogada por las lagrimas y el dolor, antes de salir para dar sepultura a su hijo un guardia civil la aconsejó “entierra a tu hijo y olvídate de todo si quieres volver a ver a tu marido con vida”.
En memoria de Manuel Pleguezuelo Martínez
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